lunes 2 de noviembre de 2009

"Arquitectura de la novela", Almudena Grandes (Fragmento)




Cuando descubrí la extraordinaria capacidad de la literatura para multiplicar la vida, la prodigiosa generosidad con la que me ofrecía una infinidad de aventuras, de lugares, de identidades distintas pero capces al mismo tiempo de superponerse sin conflicto alguno a mi propia identidad, al tiempo y al espacio de mi vida verdadera, me enganché a los libros con un fervor que, si una vez se identificó con la necesidad de autoafirmación de todos los adolescentes, más tarde empezó a confundirse con el puro y definitivo instinto de supervivencia de los adultos. [...] Para mí, vivir sin leer ya no sería vivir, sino arrastrar una miseria sin esperanza. Y ya sé que la afirmación que voy a hacer a continuación no goza últimamente de demasiado prestigio, pero desde luego yo he aprendido muchísimas más cosas en los libros que en la vida, hasta el punto de que parafraseando una célebre frase de Ortega, me atrevería a decir que yo soy yo y el resultado de todos los libros que he leído.

lunes 26 de octubre de 2009

A virgem e o cigano, D. H. Lawrence

- [...] Eu pensava que ele estava morto. Para mim, é um ressucitado. Eu próprio sou um ressuscitado.- Ele olhou para Yvette. -Estive enterrado na neve durante vinte horas-disse.-E, quando me desenterraran, nem estava muito mal.
Houve uma pausa gelada na conversa.
- A vida é horrível- soltou Yvette.
- Desenterraram-me por acaso- disse ele.
- Oh- disse Yvette numa voz arrastada.- Pode ser o destino, sabe.
Ele não respondeu.


Acabo de leer esta novela en portugués, escrita en inglés originariamente. Es el primer libro que leo en esta lengua. Por si hiciera falta la traducción, la escribo aquí abajo. Mi nivel de portugués aún no es muy bueno, por lo que tendrá dudosa calidad. Pero bueno, espero que sirva para hacerse una idea.

- [...] Yo pensaba que estaba muerto. Para mí es un resucitado. Yo mismo soy un resucitado-Él miró a Yvette.- Estuve enterrado en la nieve durante veinte horas- dijo-. Y cuando me desenterraron, ni siquiera estaba muy mal.
Hubo una pausa helada en la conversación.
- La vida es horrible- soltó Yvette.
- Me desenterraron, por si acaso- dijo él.
- Oh- dijo Yvette arrastrando la voz- Puede ser el destino, quién sabe.
Él no respondió.

lunes 19 de octubre de 2009

Soledad





I thought that I heard you laughing,
I thought that I heard you sing.
REM, Losing my religion.

Y ahora lo único que puedes oir son las gotas estrellándose en el fregadero. El grifo de la cocina está mal cerrado. Ya no oyes esa voz, su voz, que no tenía nada de especial pero que a ti te encantaba. Prefieres no pensar en la certeza de no poder escucharla nunca más. Es mejor no provocar esa suerte de angustia para la que no existe más bálsamo que las lágrimas. Tú ya no puedes llorar más.

Aunque te duele, entras en su habitación. Quieres dejar que tu mirada pasée una vez más por todas sus cosas. Ahí siguen sus libros en la estantería, su ropa en el armario, la maleta debajo de su cama. Y en el escritorio, montanhas de folios blancos y de folios garabateados, cuadernos empezados y bolígrafos sin capucha.

Es obvio que ella ya no está aquí, que se ha marchado. Ya no es solo esa tristeza tuya que no tienes dónde esconder, es el polvo que lo recubre todo. El polvo, precisamente; la senhal inequívoca del vacío, del abandono, de la ausencia. El final de todos los cuentos está recubierto, precisamente, de polvo.

Sin embargo, de entre todo lo que falta, lo que más echas de menos es su olor. Y ahora ni siquiera su habitación huele a ella. Has perdido la cuenta de los días y las noches gastados en ir dando tumbos por las calles, tratando de encontrarte, por casualidad, con alquien que lleve su colonia, con alguien que huela a ella. Buscas su olor sobre todas las cosas, pero todos tus esfuerzos son vanos. Nada huele como ella. Y de nuevo sientes esa angustia de ser incapaz de llorar más. No sabes hacerte a la idea de haber perdido para siempre ese olor que acompanhaba aquellos abrazos que hacían que tu corazón se acelerase, que tu sangre se calentara.

Ahora, Soledad se ha convertido en el dolor fantasma de tu alma. Y tú, en el polvo de la suya.


Évora, 18 de octubre del 2009.

jueves 8 de octubre de 2009

La cólera de Agamenón

Véamos cómo reacciona Agamenón cuando su hermano es herido por una flecha en plena batalla (HOMERO, Ilíada, canto IV):

Hermano querido! Tu muerte he sancionado con juramentos,
al dejarte luchar solo con los troyanos delante de los aqueos.
Los troyanos te han herido y pisoteado los leales jruamentos.
Pero no son baldíos el juramento, la sangre de los corderos,
las libaciones de vino puro y las diestras en que confiábamos.
Pues incluso si el Olímpico no lo cumple al momento,
no dejará de cumplirlo, y los culpables pagarán con creces,
con sus propias cabezas y las de sus mujeres y sus hijos.
Pues bien sé yo esto en mi mente y en mi ánimo:
habrá un día en que seguramente perezca la sacra Ilio,
y Príamo y la hueste de Príamo, el de buena lanza de fresno,
y en que Zeus Crónida, de sublime trono, que mora en el éter,
agite personalmente sobre todos ellos su tenebrosa égida,
lleno de rencor por esta felonía; eso no dejará de cumplirse.
Pero para mí atroz será la aflicción por ti, Menelao,
si es que mueres y colmas el hado de tu vida.
Además, yo regresaría cubierto de oprobio a la sedienta Argos
-pues los aqueos al instante se acordarán de la tierra patria-
y dejaríamos como galardón para Príamo y para los troyanos
a la argiva Helena; y tus huesos los pudrirá la tierra,
y quedarás yaciendo en Troya por una empresa inacabada.
Y así dirá posiblemente alguno de los arrogantes troyanos,
brincando sobre la tumba del glorioso Menelao:
"Ojalá Agamenón satisfaga su ira con todos igual que ahora,
que ha traído aquí al ejército de los aqueos en vano
y se ha marchado a casa, a su querida tierra patria,
con las naves vacías y dejando aquí el valeroso Menelao!"
Así dirá uno alguna vez. Que entonces la ancha tierra me trague!


QUIÉN NO DIRÍA ESTAS ALADAS PALABRAS EN UNA SITUACIÓN TAL?

jueves 1 de octubre de 2009

Évora, 30 de septiembre del 2009


A Salomé,
porque ella va a entender esta entrada mejor que nadie.

Esta manhana me ha pasado algo curioso. Estaba durmiendo cuando he oido algo que me ha despertado, pero no he sabido identificar qué ha sido. No he sido capaz de encontrar alguna hipótesis, pues inmediatamente después me he vuelto a dormir. De hecho, yo creo que estaba más dormida que despierta. Pero de nuevo, al rato, imposible calcular cuánto tiempo después, ha vuelto a despertarme el mismo sonido. Tras reflexionar unos intantes he caido en la cuenta de que lo que había sonado ahora, y antes, era el timbre de la puerta. Así que me he quedado por unos momentos en la cama asimilando que alguien había llamado a la puerta y que tendría que levantarme a ver quién había sido. Me he vestido sin ninguna prisa, hay que decirlo (En determinados momentos del día es imposible hacer algo rápido), he salido de mi habitación y he abierto la puerta de fuera. El sitio en el que estoy viviendo ahora - en Évora, donde estoy de Erasmus-, es la parte superior de una casa baja, habilitada como piso independiente, así que lo que yo llamo "puerta de fuera" no es lo mismo que lo que yo llamo "puerta de la calle". El caso, que he abierto la puerta de fuera y me he quedado en la especie de porche que hay contemplando, en lo alto de las escaleras, leganhosa, despeinada y con un empanamiento del 15, la puerta de la calle. Estaba pensando en que con lo que he tardado, quien hubiera llamado ya se habría ido, cuando he visto pasar tres cartas por la rendija del buzón. Cartas. Después de más de dos semanas que llevo aquí, por fin recibo cartas. Llevaba días esperándolas. Y ahora, por una casualidad, he visto cómo atravesaban mi puerta, cómo caían, cómo sonaban al tocar el suelo. A pesar de mi adormilamiento, esta vez sí que he bajado rápido a por ellas. Judit, Noe y Salo. Las quería leer YA, así que lo único que ha retrasado el momento de la lectura han sido mis ganas de hacer pis. En realidad era justo y necesario. No olvidemos que me acababa de levantar. Una vez realizada esta tarea, he vuelto a salir fuera, a las escaleras y me he sentado el último escalón empezando por abajo, es decir, arriba del todo. Cuando no pega el sol eborense de septiembre, equiparable al sol madrilenho de junio, se está muy a gusto ahí. He cogido la primera carta, la he abierto por el lateral contrario al del sello, como si fuera un sobre de azúcar, y la he leído. Después, he cogido la segunda carta, y realizado la misma operación. Lo mismo con la tercera. Tras la primera lectura, y a pesar de mis ganas de desayunar, no he podido resistir la tentanción de leerlas todas una segunda vez... Chistes, reflexiones, confidencias, ideas... Ha sido lo mejor del día.

Nunca he recibido cartas propiamente dichas. Me han escrito cartas o notitas en el instituto de esas que se entregan en mano, me han escrito postales y tarjetas de Navidad, pero nunca cartas propiamente dichas. Y era algo de lo que tenía muchas ganas. Este medio de comunicación ya está prácticamente en desuso. Solo lo mantendrán vivo algún punhado de nostálgicos sentimentales, entre los que es posible que pueda incluirme yo. Si alguien me dijese que hay determinados temas que solo se pueden tratar por carta, yo le creería, pero habría que tener en cuenta que si esto fuese verdad, significaría que hay ciertos temas que no van a tratarse ya nunca. O al menos no van a tratarse apropiadamente.

Son muchas las ventajas de las cartas y muchos los encantos, aunque, como a todo, también se le pueda poner alguna pega... Pasamos ahora a un repaso somero:

Al menos a mí me cuesta muchísimo menos extenderme, ser descriptiva, estar más concentrada e incluso pensar mejor qué es lo que quiero poner. Además las ideas brotan con mayor facilidad. De hecho, esta entrada, aunque sea para el blog, la estoy escribiendo a mano.

Un encanto de las cartas es que están, precisamente, escritas a mano. Esto las hace más personales, pues solo con echarle un vistazo a la caligrafía con la que se ha escrito en el sobre tu dirección puedes saber quién te la envía. Y ni qué decir tiene que una vez ves el texto de la carta, no puedes dudar de a quién pertenece la autoría del mismo. Y ahondando en el tema este de lo personal, poniéndonos ya muy sentidos, se puede hasta incluir en esta lista de ventajas que los folios y el sobre que los protege, han sido tocados por la persona que te escribe.

Sin embargo, este encanto a veces supone un problema. Hablando ya en términos concretos, mis cartas suponen un problema: mi caligrafía horrible, y sobre todo, tremendamente extranha, hace, por lo que me cuentan, tarea difícil descifrar lo que escribo. De hecho, alguno me ha dicho que en cuanto vuelva a Espanha, voy a tener que leérselas. Ante esta situación, yo solo puedo decir que, aunque sinceramente, preferiría no hacerlo, en lo sucesivo y bajo petición puedo escribir en mayúsculas, algo más legibles.

Dado que, junto con el miedo que se tiene a que una carta se pierda -o el que podría tener algún arrepentido a que su carta llegara-, no encuentro por el momento ningún defecto más a la comunicación epistolar, volveré a hablar de encantos/ventajas.

Como más encantos podemos resaltar la magia de que de ciertos temas solo se hable mediante cartas, como si se hubiese creado un mundo en la correspondencia; el encanto de esperar una carta en la era de las prisas, y no de la rapidez entendida como eficacia; e incluso, aunque dudo que en esto coincida todo el mundo (Yo tengo que decir que tampoco estoy segura de coincidir del todo), chupar el pegamento del sobre y del sello. A día de hoy son pocos los que tienen unas papilas gustativas que recuerden ese sabor indescriptible.

Pero he dejado la mayor ventaja, y también el mayor encanto, para el final.

La mayor ventaja, sin duda, es que con un mínimo de recursos (Algo con lo que escribir, algo sobre lo que escribir, algo en lo que apoyarse y algo de luz), puedes escribir en cualquier parte imaginable, en cualquier momento, en cualquier circunstancia. No es lo mismo que alguien te escriba en un ciber con el ambiente contaminado de abulia que en la Praça do Giraldo de Évora al atardecer. Además, hay que tener en cuenta que de súbito nos pueden entrar unas ganas incontenibles de escribir a alguien. Y en ese preciso instante podemos estar muy lejos de un ordenador con conexión a Internet. Y no cuesta demasiado llevar siempre un boli y un papel siempre contigo (Aunque yo no lo haga, no creo que cueste mucho).

Ah, y el mayor de los encantos de las cartas consiste en su lectura, y sobre todo, en sus relecturas. Y en ir albergándolas en una cajita que conforme pasa el tiempo, va estando cada vez más llena.

Y es que, al fin y al cabo, la carta es una forma de literatura. Para algunos, escribir una carta se confunde con la creación literaria, aunque en la carta se suela "mentir" menos. Bastante menos. Se cuida el estilo, se emplean figuras retóricas... Aunque bueno, quizá esto no se haga de una manera tan consciente como puede parecer por lo que digo. Quizá solo sea cuestión de dejar que tu mano haga resbalar una bola diminuta, toda embadurnada de tinta, por un papel. Quizá de tanto leer, uno acaba escribiendo bajo la influencia de tantas novelas, de tantos cuentos, de tantos dramas, de tantas poesías... Quizá, la carta sea una forma de transformar tu vida en una antología de cuentos. Al fin y al cabo, dudo que exista un arte que se confunda más con la vida, que nos sea más útil para comprendernos un poco mejor.

Y como prueba de la influencia de lo leído, propongo dos normas para lo sucesivo extraídas Nubosidad variable, de Carmen Martín Gaite.

- Describir detalladamente el lugar en el que se está escribiendo la carta.

- No tachar nunca, salvo error ortográfico o gramatical.

Me despido aclarando que esta no es la contestación a ninguna de las cartas recibidas, que la contestación no tardará en llegar a vuestros buzones, y que tengo ganas de veros, porque sí que es cierto que las cartas tienen otra pega en la que acabo de caer en la cuenta, y es que los abrazos no caben en los sobres.

Saludos,

Rebe.

Pd. Siento el abandono temporal que ha vivido el blog, pero ahora que mi vida ya está casi en orden, continuaré actualizando con la misma frecuencia con que lo hacía antes.



sábado 12 de septiembre de 2009

"La ciudad", Konstantinos Kavafis

Dijiste: "Iré a otra tierra, iré a otro mar.
Otra ciudad mejor que esta se encontrará.
Cada intento mío es una condena escrita.
Y como muerto está, mi corazón, enterrado.
Hasta cuándo permanecerá mi mente en este extravío.
Allí donde torne la vista, doquiera que vea,
ahí contemplo negras ruinas de mi vida,
donde tantos años pasé, y arruiné, y perdí."

Nuevos lugares no hallarás, no hallarás otros mares.
La ciudad te seguirá. A las mismas calles volverás.
Y envejecerás en los mismos barrios;
y en esas mismas casas encanecerás.
Siempre arribarás a esta ciudad. A otra; no lo esperes;
no hay barco para ti, no hay camino.
Tal como arruinaste tu vida aquí
en este pequeño rincón, en el mundo entero la perdiste.


martes 8 de septiembre de 2009

Luces de bohemia: la acción en un Madrid absurdo, brillante y hambriento (Parte I)




Los héroes clásicos han ido a pasearse en el callejón del Gato.
Los héroes clásicos reflejados en espejos cóncavos dan el Esperpento.
Las imágenes más bellas, en un espejo cóncavo, son absurdas.
(Escena XII)

Entre el 31 de julio y el 23 de octubre de 1920 fue publicándose en partes "Luces de bohemia", el primer Esperpento de Ramón del Valle-Inclán, que iría siendo modificado hasta 1929, cuando adquirirí su forma definitiva.

El Esperpento, tópico literario creado por el escritor gallego, designa lo feo, lo ridículo, lo extravagante, lo grotesco. Y Valle-Inclán sitúa la fuente de la deformación en los espejos del madrileño callejón de Alvárez Gato. Esta voluntad de deformar la realidad tiene un antecedente en las pinturas negras de Goya, infulencia que ya se veía en las Sonatas, de este mismo escritor. En la escena XII se dice "el esperpentismo lo ha inventado Goya", y es que en muchos dibujos goyescos es palpable la transformación.

Otro aspecto de importancia de Luces de Bohemia es el léxico empleado: de zarzuela y plebe madrileña, una mezcla de cultismo y argot.

Alonso Zamora Vicente describe el danteco viaje de Max Estrella como "su peregrinación nocturna, guiado este poeta andaluz e hiperbólico por su alter ego, don latino de Hispalis por librerías, tabernas, órganos oficiales, zonas de prostitucion cafés, etc, hasta morir a las puertas de su casa".

Es más que probable que Ramón del Valle-Inclán se inspirara en personajes reales. Por ello, encontramos que en Madrid hubo un poeta ciego que murió en 1904 loco llamado Alejandro Sawa. No obstante, en mi opinión, no hay que descartar en la construcción de este personaje influencias de Homero. De la misma manera encontramos al librero Pueyo, editor del modernimo poético, que aparece bajo el nombre de Zaratrusta; Lino Buyo, fácilmente identificable con don Gay Peregrino; y los que aparecen con el mismo nombre: Pedro Luis de Gálvez, Rubén Darío, Julio Burrel y Dorio Gadex.

Dentro de este cúmulo de personajes me gustaría mencionar aparte a Ernesto Bark, Basilio Soulinake en la obra, por ser uno de los más esperpénticos de todos. Bark, refugiado eslavo, fue autor de varios libros y un gran amigo de Alejandro Sawa. Según tengo entendido, en el velatorio de su amigo, armó un numerito similar a Soulinake en el velatorio de Max Estrella.

Además, las referencias a personajes históricos del momento como Unamuno, Alfonso XIII, Infanta Isabel de Borbón, Antonio Maura...

Respecto a estas menciones, así como pasa con otros acontecimientos a los que se alude, no fueron simultáneos. Así el autor consigue dejar en su obra un reflejo panorámico del Madrid de los tiempos de Alfonso XIII.