jueves, 31 de diciembre de 2009

Recapitulemos


Este año he leído mucho. Muy probablemente este 2009 haya sido el año en el que más haya leído de mi vida. Y puedo justificar esta afirmación. Como ya expliqué en una entrada anterior, tengo una lista de todos los libros que he leído desde el 2004. Pues bien, desde ese año este ha sido el que más libros he leído. Y presupongo que ha sido el año en el que más he leído de mi vida porque hasta los 16 años, no leía mucho, o al menos no tanto como ahora.

A mediados de año -creo que fue a mediados-, pensé que podría actualizar el blog con un
ranking de los cinco mejores libros que hubiera leído a lo largo del año. He leído los suficientes como para poder hacerlo de los diez mejores. Ahí va la clasificación:

10 Extraños en un tren, Patricia Highstmith: una novela policiaca contada desde el punto de vista opuesto al que nos tiene acostumbrados este género.

9 El mismo mar, Amoz Oz: quizá este libro esté más cerca de la poesía que de la narrativa, y no solo porque esté escrito, en su mayoría, en verso. Además, tiene elementos de la metaliteratura muy curiosos, como que el escritor quede un día con sus personajes.

8 La lluvia amarilla, Julio Llamazares: un escritor que he leído este año por primera vez y que ha sido un gran descubrimiento. Esta novela también tiene mucho de poesía. Me parece que Llamazares es de los mejores escritores españoles actuales.

7 Ilíada, Homero: aunque en ocasiones su lectura puede resultar un poco aburrida (¡Maldito catálogo de las naves!), sin duda, merece la pena. Es asombroso que una obra oral puesta por escrita y con tan poca tradición literaria a sus espaldas, consiguiera unos personajes tan bien construídos y un argumento tan firme. Ahora me estoy dando cuenta de que este canto me gustó mucho más de lo que yo pensaba en un primer momento.

6 El palacio de la luna, Paul Auster: igual que dije de Llamazares, ha sido otro descubrimiento de este año. Si bien es cierto que la parte final del libro me decepcionó un poco, los primeros capítulos me encantaron.

5 Luces de bohemia, Ramón M. del Valle-Inclán: ya lo había leído hace algunos años, pero esta segunda lectura ha sido muy provechosa. Además he tenido la suerte de haber podido verla representada. Genial recreación del Madrid de los años 20.

4 Almas grises, Philipe Claudel: aunque parezca una novela policíaca, en realidad es un maravilloso monólogo interior en el que se nos hace ver que no somos ni buenos ni malos, que somos grises, como toda la atmósfera que envuelve al libro.

3 La vuelta de tuerca, Henry James: un libro sobre el que hay 8.749 interpretaciones y teorías, por lo menos. No creo que en muchas ocasiones se haya contado una historia sobre la pederastia como si fuera un historia de fantasmas.

2 El amor en los tiempos del cólera, Gabriel García Márquez: todo lo bueno que se diga de Márquez es poco. Aunque son historias que no guardan ninguna relación entre sí, creo que es mejor leer este libro cuando se ha leído previamente Cien años de soledad.

1 La verdad sobre el caso Savolta, Eduardo Mendoza: si bien ya había leído a este autor antes, no había leído su mejor libro, considerado por muchos el que inició la narrativa española actual, publicado en 1975. De este libro me gustó todo, desde la recreación histórica hasta los continuos guiños a la picaresca española y a otras obras como Luces de bohemia.

Espero que en este año que está a punto de empezar pueda leer por lo menos tanto como este que todavía no ha acabado (Estoy con Cumbres borrascosas). De que vuelva de Portugal, en febrero, me reincorporaré al club de lectura, que es algo que echo en falta. Y es que cada vez estoy más contenta de que me guste leer. Y es que lo que te aporta un libro solo te lo puede aportar un libro.

Sentía que una vez llegara al fin del continente hallaría respuesta a una importante pregunta. No tenía ni idea de cuál era esa pregunta, pero la respuesta la habían ido formando mis pasos y sólo tenía que seguir andando para saber que me había dejado atrás a mí mismo, que ya no era la persona que había sido.
(
El palacio de la luna, Paul Auster)

Feliz 2010. Y leed.



lunes, 28 de diciembre de 2009

Al modo de Konstantino Kavafis

Descansa el joven Alejandro
con un libro por almohada.
Sueña con que algún día
dejará atrás su Macedonia
e irá a ver otras tierras.
Muy muy lejos.
Sueña con ser ese guerraro
colérico y afectuoso,
conocedor de su destino,
de su vida tan breve como gloriosa.
Su vida será un poco más larga,
durará lo suficiente
para hacer que el mundo sea suyo.
Pero ahora descansa el joven Alejandro
con la Ilíada por almohada.

La idea surgió al leer que Alejandro Magno dormía sobre un ejemplar de la Ilíada.
Madrid, 23 de diciembre del 2009.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

"Si te gusta leer, nunca estarás solo"


Purpurina,
me consta que tú disfrutaste esta entrevista tanto como yo.

Reconozco que la entrada de hoy no está íntimamente ligada a la literatura aunque las alusiones que hay a la lectura y a la poesía (Y a la televisión) me han decidido a difundirla desde PPB.

Llevo ya tiempo queriendo escribir aquí sobre Joaquín Sabina. Sin embargo, no es esta la publicación que quiero dedicarle. He decidido que la escribiré escuchando su último disco, que lo tendré el 6 de enero (Si he sido lo suficientemente buena este año para merecerlo, claro). Tómese por tanto esta interesantísima entrevista del programa Noches como esta como un adelanto.










miércoles, 9 de diciembre de 2009

Vierte 20 centilitros...

... de palabra escrita en una copa de cristal bohemio. Levanta la copa, mira el líquido al trasluz, huélelo, saboréalo. Bébetelo despacio. Selecciona otro fragmento. Puedes escoger entre el gran reserva de prosa poética del año x y un nuevo poesía prosaica. Da igual. Sírvetelo a temperatura ambiente. Bébetelo de entre tres y cinco tragos. Ponte otra copa, y esta sí, necesariamente, tienes que bebértela de un trago. Ya no notas tanto frío en esa habitación vacía apenas iluminada por una vela. Empezarás a sentir los efluvios de la métrica diluyéndose en tu sangre, el líquido espiritoso embalsamando tu sistema nervioso. Tu cerebro empieza a divagar por la retórica. Tu mirada está vidriosa, pero sigues leyendo. Y leyendo. Y leyendo. Vaciando vasos rebosantes de versos. En tu memoria empieza a haber lagunas. No recuerdas lo que pasó hace 10 renglones. En tu estómago algo se revuelve, haz mezclado: Poe, Pessoa, Chandler, Hemingway, Bukowski... Y algún otro escritor alcohólico que probaste leer... Empiezas a vomitar en tus cuadernos. Y tu estilográfica comienza a caminar escribiendo eses sobre el empedrado.




Évora, 7 de diciembre del 2009

jueves, 3 de diciembre de 2009

"De profundis", Oscar Wilde


Hoy la gente senhala hacia la cárcel de Reading y dice: "ahí es donde le conduce a uno la vida de artista". Bueno, podía llevarle a sitios aún peores. La gente vulgar, aquellos para quienes la vida es como hábil especulación, fruto de un cuidadoso calculo de posibilidades, saben siempre a dónde van, y van derechos hacia su objeto. Propónense como fin ideal el llegar a ser mayordomo de cofradía, y, en efecto, lo consiguen, sea cual fuere la situación en que hayan sido colocados. Y esto es todo. Y el que aspira a ser algo exterior a sí mismo: miembro del Parlamento, rico tendero, eminente abogado, juez u otra cosa igualmente aburrida, ve siempre sus esfuerzos coronados por el éxito. Y este es su castigo. El que anhela una careta no tiene más remedio que llevarla.
Las cosas suceden muy de otro modo con las fuerzas dinámicas de la vida y con los que las encarnan. Aquellos que solo piensan en el desarrollo de su propia personalidad nunca saben adónde les conduce su camino. No pueden saberlo. En una palabra: es indispensable, cual pedía el oráculo griego, conocerse a sí mismo. He aquí el primer paso hacia la sabiduría. Pero la última etapa de la sabiduría estriba en penetrarse de lo insondable del alma humana. Nosotros mismos somos el misterio final, y aún después de haberse averiguado el peso del sol, y midiendo las fases de la luna, y seguido sobre el mapa, estrella por estrella, las siete constelaciones, aún nos falta conocernos a nosotros mismos.

Quién podría calcular la órbita de su propia alma?

[...]Yo espero aún vivir lo bastante para poder crear una obra que me permita decir al final de mis días: "Bueno, aquí veis a dónde conduce al hombre la vida del artista".