Hace rato que el desfile de los insomnes ha comenzado. Esta es otra de esas noches de verano, entresemana, en los que aquellos que duermen a deshora matan las horas de oscuridad deambulando solitarios por las calles cercanas al centro de la ciudad. Caminan perdidos, ajenos a las miradas de aquellos a los que el excesivo calor de su cama les ha llevado a salir a sus balcones unos minutos para contemplar a las farolas iluminando la noche.
El ruido de los pasos que van dando los insomnes mientras tratan de encaminarse hacia aquello indefinible que llevan buscando desde hace ya muchas noches, resuena en las calles por las que van pasando. Su cabeza se distrae escuchando ese lacónico sonido, y en algunos momentos, sonríen contentos. Sus pisadas son como un latido que demuestra a la ciudad, y a ellos mismos, que no son fantasmas, que están vivos. Y eso les reconforta.
Los insomnes rara vez se cruzan con otros insomnes. No obstante, cuando esto ocurre, casi no se ven, a penas se sienten. Se miran distraidamente y dos segundos después, un metro más adelante, ya no recuerdan haberse cruzado con nadie. Los insomnes no quieren que les perturben su "duermevela" así como tampoco los que están durmiendo profundamente quieren ser despertados.
Después de algunas horas, el cielo clarea. El difuso comienzo de la mañana es en el momento en el que la sensación de alivio por haber sobrevivido a otra noche, la del desasosiego de no saber qué es lo que se está buscando y la de frustración por no haberlo encontrado tampoco esta noche se diluyen en una misma sensación. Y es en este momento también cuando los insomnes se dan cuenta el amanecer les ha sorprendido cerca de su casa, que lo único que han hecho en toda la noche ha sido andar en círculos. Recorren sin prisa los escasos metros que les separan de su domicilio, fijándose en las fachadas de su calle como si fuera la primera vez que las vieran.
Finalmente, medio vestidos, se tumban encima de sus camas, y antes de abandonarse, por fin, al sueño, piensan "mañana será otra noche".
El ruido de los pasos que van dando los insomnes mientras tratan de encaminarse hacia aquello indefinible que llevan buscando desde hace ya muchas noches, resuena en las calles por las que van pasando. Su cabeza se distrae escuchando ese lacónico sonido, y en algunos momentos, sonríen contentos. Sus pisadas son como un latido que demuestra a la ciudad, y a ellos mismos, que no son fantasmas, que están vivos. Y eso les reconforta.
Los insomnes rara vez se cruzan con otros insomnes. No obstante, cuando esto ocurre, casi no se ven, a penas se sienten. Se miran distraidamente y dos segundos después, un metro más adelante, ya no recuerdan haberse cruzado con nadie. Los insomnes no quieren que les perturben su "duermevela" así como tampoco los que están durmiendo profundamente quieren ser despertados.
Después de algunas horas, el cielo clarea. El difuso comienzo de la mañana es en el momento en el que la sensación de alivio por haber sobrevivido a otra noche, la del desasosiego de no saber qué es lo que se está buscando y la de frustración por no haberlo encontrado tampoco esta noche se diluyen en una misma sensación. Y es en este momento también cuando los insomnes se dan cuenta el amanecer les ha sorprendido cerca de su casa, que lo único que han hecho en toda la noche ha sido andar en círculos. Recorren sin prisa los escasos metros que les separan de su domicilio, fijándose en las fachadas de su calle como si fuera la primera vez que las vieran.
Finalmente, medio vestidos, se tumban encima de sus camas, y antes de abandonarse, por fin, al sueño, piensan "mañana será otra noche".

5 parrafadas:
"El difuso comienzo de la mañana es en el momento en el que la sensación de alivio por haber sobrevivido a otra noche, la del desasosiego de no saber qué es lo que se está buscando y la de frustración por no haberlo encontrado tampoco esta noche se diluyen en una misma sensación"
Me gustan la gran mayoría de las cosas que escribes pero algunas me llegan más y otras me llegan menos; "La ciudad sin sueño" me ha calado hondo. Gracias por escribirlo y por compartirlo.
eiiiiiiiii!!! xD
mola! =)
se vaga mas que se camina por la vida... sin saber adonde ir... hasta que llega la luz del día y es como si abriesemos los ojos y vieramos de verdad lo que tenemos =)
hay gente que solo abre los ojos cuando es demasiado tarde y ya ha perdido lo que tenía...
me ha hecho reflexionar...
me gusta ^^
así me he sentido yo todas las noches que no podía dormir, hasta que salía el sol y las temperaturas bajaban un poco, hace unas semanas.
me gusta el "documental" que has escrito, rebe ^^
Mily, cuando publiqué esta entrada tuve el presentimiento de que iba a gustarte. Me alegro de que haya sido así.
Marco y Cintia, sí, las noches en blanco siempre producen una sensación rara. Te planteas cosas que a otras horas no te plantearías, y las cosas que te pasan muy de noche, cuando llega el día es como si no hubiesen existido realmente. Este relato, sin ir más lejos, lo escribí entre las 2 y las 4 de la madrugada (Sí, soy lenta escribiendo), muy ligeramente influida por otra noche en blanco.
Me gustan mucho las noches que pasas (Voluntariamente) en blanco, por cierto.
Gracias por comentar a todos.
¡Un saludo!
Las noches en vela se hacen largas, pero si tienes papel y boli a mano, siempre son fructíferas. Es mejor levantarse y escribir que dejar que los pensamientos se agolpen en tu mente y empezar a pensar tonterías de las que renegarás al amanecer.
Me ha encantado que acompañes el relato con esa canción...al parecer, el gran Sabina también pasa muchas noches en blanco.
Un besooo ;D
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