jueves, 9 de diciembre de 2010

Sobre "Kafka en la orilla" de Haruki Murakami


Kafka en la orilla (2002), séptima novela del Haruki Murakami, nos cuenta una misma historia formada por dos historias que confluyen en varios puntos, aunque los dos protagonista de cada parte no llegan a juntarse. El libro se abre con la historia de Kafka Tamura -nombre falso que se pone este personaje-, un chico que se escapa de casa el día en que cumple 15 años. Este chico se va desde su barrio de Tokio, Nakano, hasta Takamatsu, y allí pasará los primeros días de su estancia en un hotel. Kafka Tamura es un chico extrovertido, con una gran pasión por la lectura y la música. Su padre -la única persona con la que vivía, pues su madre y su hermana les abandonaron cuando Kafka tenía cuatro años-será asesinado al poco de fugarse el chico. Este y otros acontecimientos le llevarán a acabar viviendo en la Biblioteca Conmemorativa de Komura. La otra historia sería la de Nakata, que también irá desde Nakano hasta Takamatsu pero recorriendo más camino que Kafka, en busca de "la piedra de entrada". Nakata es un hombre con una minusvalía psíquica provocada por un misterioso ataque aéreo durante la II Guerra Mundial, en una excursión escolar cuando tenía nueve años. Nakata tiene muchas rarezas, pero quizá las más reseñables sean su habilidad para hablar con los gatos (Los gatos son un elemento recurrente en la obra de obra de Murakami, siempre con connotaciones mágicas) y la de hacer que lluevan cosas tan particulares como sardinas y caballas, o sanguijuelas.

En torno a Kafka y a Nakata, aunque quizá haya una cierta prevalecencia del primero sobre el segundo, que comparten el protagonismo de la novela, giran una serie de personajes muy diferentes, aunque todos con un punto excéntrico, con algo que les diferencia del resto de la gente, y eso les hace que de algún modo se parezcan. Uno de estos personajes clave sería Sakura, una peluquera joven a quien Kafka conoce en el autocar que le lleva desde Tokio hasta Takamatsu y que luego le ayudará en otra ocasión. Kafka pensará que es su hermana. En la Biblioteca Conmemorativa de Komura Kafka trabará una gran amistad con Oshima, una mujer que se siente hombre homosexual que se viste y actúa como tal. Luego está la señora Saeki, la dueña de la biblioteca. Esta mujer tiene siempre un aire melancólico porque no superó que su primer amor muriera cuando ambos tenían veinte años y Kafka pensará que es su madre.

Por otro lado, en la parte de la historia que gira en torno a Nakata, vemos que, aunque sólo aparece en las primeras hojas del libro, el personaje de la maestra es muy relevante, pues es la que nos cuenta cómo era Nakata de niño, antes del accidente que le borró todos los recuerdos. Luego habrá "otro personaje" que se manifestará en tres apariencias distintas. Ante Nakata será Jonnhie Walken (Por el logo de la marca de whisky), pero luego, ante Hoshino, del que hablaré a continuación, se presentará como el Colonel Sanders (El hombre del logo de Kentucky Fried Chiken) y como una masa blanca. Sin embargo, si con respecto a Kafka tal vez el personaje más importante sea el de Oshima, para Nakata sería el de Hoshino, un joven camionero que recoge a Nakata en una estación de servicio cuando él quiere transladarse. Dejará su trabajo por llevar a este anciano que se parece a su abuelo difunto de una ciudad a otra, pues Nakata no sabe con anticipación a dónde debe dirigirse para encontrar y abrir "la piedra de entrada" hasta que no ocurre algo que le indica hacia dónde seguir. En este camino, Hoshimo, por casualidad, descubre a Beethoven, a través del Trío del Archiduque, y esto le cambia profundamente.

Realmente lo mejor de esta novela son los personajes, que tienen más importancia que la trama en sí. Todos están perfectamente bien construídos, incluso los que aparecen poco como el hermano de Oshima y la maestra de Nakata, y ninguno son arquetípicos. La personalidad de cada personaje queda reflejada en cada diálogo, predominantes en la novela, así como ocasionalmente nos encontramos con alguna reflexión de alguno de los personajes. Además, esto va más allá en el caso de Kafka Tamura, el personaje más desarrollado por ser el único que escribe en primera persona y del que más monólogos interiores encontramos. Además, en este caso llegamos hasta oír su propia concienda, a la que Murakami da forma en "el chico llamado Cuervo" como si fuese un personaje más.

En esta novela hay dos elementos tan presentes en la novela y tan importantes en la vida de los personajes que son casi un nexo de unión entre todos ellos y que a la vez desvelan parte de la personalidad del autor: los recuerdos y la música. Todos los personajes están condicionados por sus recuerdos, o, en el caso de Nakata, por la total ausencia de los mismos. Kakfa Tamura recuerda el momento en que su madre y su hermana le abandonaron a su padre y a él, la Señora Saeki vive anclada en su historia de amor de juventud, Hoshino empatiza con Nakata porque le recuerda a su abuelo, Oshima dice "dentro de nuestra cabeza hay un pequeño cuarto donde vamos dejando todo en forma de recuerdos", la carta que escribe la maestra explicando el incidente en la excursión escolar en la que iba Nakata está escrita mediante el recuerdo.

Respecto a la música, vemos que esta está muy presente en esta novela y en todas las de Murakami. La narración está acompañada de una banda sonora que va desde Prince o The Beatles hasta Beethoven. De hecho, ha habido algún otro libro suyo que ha salido a la venta acompañado de un cedé con todas las canciones citadas en la obra. Murakami es un gran aficionado a la música. De joven regentó un bar de Jazz y él siempre escribe con música. Tanta es la influencia de la música en el japonés que se ha considerado que él, como autor, y su estilo de ritmos musicales, era un escritor de literatura pop. Sin embargo, en Kafka en la orilla, esto va todavía más allá, puesto que el título del libro es parte del título de una canción compuesta por la señora Saeki -Kafka en la orilla del mar-, en cuya letra se puede interpretar como lo que está experimentando el propio Kafka Tamura. Por lo tanto, en esta obra, la música juega un carácter esencial, dado que la letra de una canción compuesta por uno de los personajes constituye la síntesis, la esencia de toda la historia que se nos relata.

Podemos hallar más influencias en la literatura de Murakami, este escritor japonés europeizado. Kafka en la orilla tiene algo de tragedia griega al versionar de alguna manera el mito de Edipo Rey. Además, también son perceptibles los rasgos de Posmodernismo y, por supuesto, del Surrealismo. En esta historia, se mezclan personajes, escenarios, situaciones y otros elementes -como el paso del tiempo- mágicos y surrealistas con los reales con tanta naturalidad y tal coherencia que hacen que episodios increíbles -como el de los soldados del bosque, desertores de la II Guerra Mundial que siguen siendo jóvenes y fuertes después de 40 años-, sean absolutamente verosímiles.

Siguiendo en la línea de este Surrealismo, tenemos que hablar de Kakfa, al que se homenjea en las aproximadamente 600 páginas del libro. Sin duda no es arbitrario que sea el nombre de este escritor el que titule el libro, ya no sólo por el surrealismo, sino también por el juego de palabras que se nos explica en la novela. Kafka es el nombre falso que se pone el chico, que en checo significa "cuervo". Cuervo es cómo se llama la conciencia de Tamura. Además, en momentos relevantes para la vida de Kafka Tamura aparecen cuervos sobrevolando en el entorno, estando todo relacionado.

En definitiva, Haruki Murakami, este escritor que en su país es odiado por los críticos y adorado por los lectores más jóvenes, nos cuenta la historia de un chico y su búsqueda de identidad al que su padre le predijo que "mataría a su padre y se acostaría con su madre y con su hermana". Sin embargo, Murakami no es de estos escritores que dejan todos los cabos atados, que explican todos y cada uno de los puntos clave de la trama, evitando también así llegar a explicaciones forzadas por un afán de que la novela quede cerrada. Murakami no nos dice claramente si se cumple la profecía o no. Deja al lector que extraiga sus propias conclusiones, aunque se puedan encontrar ciertas pistas que orienten hacia una respuesta más que hacia la otra.

Antes de terminar, merece ser resaltada la traducción del japonés de Lourdes Porta, en la Editorial Tusquets (2006). Los lectores que, como yo, no sepan japonés, a la hora de juzgar lo acertado de una traducción quizá lo que más prevalezca sea la intuición, pero sea como sea, el libro se nos presenta está escrito en castellano de una manera que trasmite todo el mensaje que presumimos que habrá en la versión original. Además, el texto queda pertinentemente enriquecido con las "Notas del Traductor", que nos explican en qué consiste algunas de las palabras que se nos presentan transcritas en japonés -fundamentalmente comidas-, ayudándonos así a conocer parte de la cultura japonesa.

Por lo tanto, considero que Kafka en la orilla es una obra actual de lectura muy recomendada de un escritor que, a pesar de haber empezado a escribir con treinta años, este mismo año fue uno de los candidatos al Premio Nobel de Literatura. Aunque la estructura es algo compleja y el libro tiene alguna parte en la que la lectura es algo más complicada, creo que es un libro que puede gustar tanto a los lectores adolescentes, a los que tengan la misma edad que Kafka Tamura, como a los que sean más mayores, aunque, para disfrutarlo más, sí que es recomendable ser ya un lector mediano. Si realmente gusta la historia desde el principio y engancha, las 600 páginas de hacen cortas, que es lo que me ha pasado a mí.

Escuchar el trío del Archiduque

2 parrafadas:

Eternal Pain dijo...

Si tuviera algo de tiempo, cosa que escasea últimamente en mi vida, me lo leería. Pinta demasiado bien y todo según cuentas.

Así habló Spotglisten dijo...

Es un libro de esos de los que te cambian la vida, así que, te recomiendo que, en cuanto tengas algo de tiempo, lo leas. Además, como en casi todos los libros, es mejor leérselo al "modo atracón". Yo me lo leí así, y los días después de terminarlo, echaba mucho de menos esa historia.

Manu, gracias por pasarte y comentar. Supongo que nos veremos pronto. Un saludo.