viernes, 31 de diciembre de 2010

Recapitulemos este año también...

Si en el "Recapitulemos" año pasado decía que ese fue el año que más había leído, este año digo que me superado. He leído todavía más que el año pasado. Esto se ha debido no solo a que este año todavía haya tenido cinco semanas de vida Erasmus, sino también a algo con lo que el año pasado no contaba, a que iba a empezar a estudiar Teoría de la Literatura y Literatura Comparada este año. Es que lo que tiene "terminar" una carrera, que no sabes por dónde vas a seguir hasta el último momento, en que cambias de idea 1.082 veces. Bueno, siempre hay gente que lo tiene todo decidido, pero ese esos son los Famas, a los Cronopios no nos pasa eso. Pues lo dicho, que en octubre, cuando volví de Dublín, empecé las clases en la universidad, con todas las lecturas obligatorias que eso ha conllevado -y sigue conllevando-, además de haber seguido con el Club de Lectura. Es por eso por lo que este año he leído tantísimo, y al igual que hice el año pasado, voy a hacer una lista de los diez mejores libros que he leído este, o mejor dicho, de los diez que más me han gustado.

10 Escupiré sobre vuestra tumba, Boris Vian: Soy la primera sorprendida de que este libro esté entre los diez mejores, con lo mal que lo pasé leyéndolo, tan mal que pensé en no terminarlo. Es un libro que revuelve el estómago. Si está dentro de la corriente existencialista francesa, no nos ofrece el relato de un malo en primera persona con el que se puede llegar a empatizar o incluso a indentificarse, como es el caso de Mersault, sino la de un hombre con una conducta tan repulsiva que nos impide justificar su sed de venganza. O al menos esa es la interpretación que yo hago. Sin embargo, tiene algo que atrae. Quizá sea la valentía de Vian para escribir algo así como escribió, para demostrarnos que no es lo mismo algo estético, que algo bonito; que como decía Wilde, no hay obras morales o inmorales, sino bien o mal escrita. Sin duda, esta es una obra muy bien escrita. No obstante, no me atrevo a recomendarla.

9 El señor de las moscas, William Golding: Dudaba si meter en la lista este libro o el de 1984. Al final he optado por este, porque dentro de que este también sea, de alguna manera menos pura, ficción distópica, me llamó más la atención que el otro, que se parecía bastante a Un mundo feliz. Es otra novela de esas que ahondan en el propio ser humano, que pone en evidencia lo bueno, y sobre todo en este libro, lo malo. Debido a cuando fue escrito, en la posguerra de la II Guerra Mundial, también se ven alusiones a cómo las circunstancias van insensibilizando cada vez más a las personas.

8 La cantante calva, Eugene Ionesco: Fue buena idea gastar el último tercio de Sagres mientras leía esta obra. Un humor absurdo del que a mí me hace muchísima gracia ("Tomen un círculo, acarícienlo, y se hará un círculo vicioso"), que no se queda simplemente en el chiste, sino que es una crítica a la incomunicación y a la rutina de las relaciones de pareja.

7 Antígona, Sófocles: Porque la fuerza de las tragedias griegas, porque esa manera de sentir como si te fuera la vida en ello, nunca pasa de moda. A todos nos sigue llegando.

6 "Un destripador de antaño" y otros cuentos, Emilia Pardo Bazán: Era lo primero que leía de esta escritora, que es de lo mejorcito que ha habido en España, y que no consiguió entrar en la RAE por ser mujer. Aunque de la edición en la que tengo estos cuentos suyos, me han quedado algunos cuentos pendientes para el año que viene, he leído lo suficiente para saber que me gustan. Me gusta el reflejo que hace de la sociedad del momento (Se ve que sigo conservando algo de óptica de historiadora), me gusta como describe lo desagradable, lo atractivo del Naturalismo, siendo tremendamente crítica. En cierto modo, su técnica narrativa recuerda a la de Chejov, con algunos cuentos que sólo describen una determinada situación, sin principio sin final. Mis preferidos hasta el momento han sido Un destripador de antaño y Náufragas.

5 "Asesinos sin rostro", Henning Mankell: porque la novela negra es un género tan respetable como otro cualquiera, y porque hay grandes escritores de novela negra. Y lo más loable de esta obra no deja de ser que contradice una de las pegas más repetidas para desprestigiar a la literatura policíaca, de que el detective siempre está poco desarrollado y con muchas similitudes entre sí, pues nos encontramos ante un Kurt Wallander magníficamente construido, como el resto de personajes de la novela.

4 Historias de Cronopios y de Famas, Julio Cortázar: Un libro que te cambia la visión de la gente, que te hace poner a cada persona que conoces la etiqueta de Cronopio, de Fama o de Esperanza. Está muy bien para encontrar el encanto en lo que hacemos día a día.

3 Revolutonary Road, Richard Yates: Genial. Yates es capaz de hablarnos de los sentimientos sin que esto sea sinónimo de cursilería. Quizá sea algo dura en algunas ocasiones, pues la historia no deja de contarnos cómo una familia se viene abajo intentando luchar por sus sueños. Refleja perfectamente el miedo que nos da tanto no conseguir lo que más queremos, como conseguirlo. Es uno de los mejores libros que he leído nunca, de los que más te conmueven, con personajes tan humanos que es muy fácil identificarse con ellos, comprenderles. Porque así, leyendo sus vidas, te entiendes también a ti.

2 El cielo de Madrid, Julio Llamazares: Otro libro de Llamazares, ese autor al que puede ser que convenga no leer cuando se esté bajo de ánimos. Yo leí este libro en unos días especiales de este año, en los que a pesar de lo bien que me lo estaba pasando, era inevitable echar un poco de menos el cielo de Madrid. Habla de los cambios que conlleva el hacerse mayor, de cómo la juventud se va pasando. Quizá por eso me gustó tanto, porque lo leí en un momento en el que no paraban de cerrarse etapas y de abrirse otras nuevas.

1 Kafka en la orilla, Haruki Murakami: Ya dije todo lo que tenía que decir de este libro en "Sobre Kafka en la orilla". Solo añadiré que no he dudado en que este era el mejor libro de cuantos he leído este año.


Ya no tengo mucho más que decir. Espero que esta publicación no haya quedado muy redicha y animo a todo el mundo que se pase por aquí a que me diga cuáles han sido los mejores libros que han leído este año.

Feliz 2011. Y leed.


viernes, 24 de diciembre de 2010

Viajes

Cuando los famas salen de viaje, sus costumbres al pernoctar en una ciudad son las siguientes: Un fama va al hotel y averigua cautelosamente los precios, la calidad de las sábanas y el color de las alfombras. El segundo se traslada a la comisaría y labra un acta declarando los muebles e inmuebles de los tres, así como el inventario del contenido de sus valijas. El tercer fama va al hospital y copia las listas de los médicos de guardia y sus especialidades.

Terminadas estas diligencias, los viajeros se reúnen en la plaza mayor de la ciudad, se comunican sus observaciones, y entran en el café a beber un aperitivo. Pero antes se toman de las manos y danzan en ronda. Esta danza recibe el nombre de "Alegría de los famas".

Cuando los cronopios van de viaje, encuentran los hoteles llenos, los trenes ya se han marchado, llueve a gritos, y los taxis no quieren llevarlos o les cobran precios altísimos. Los cronopios no se desaniman porque creen firmemente que estas cosas les ocurren a todos, y a la hora de dormir se dicen unos a otros: "La hermosa ciudad, la hermosísima ciudad". Y sueñan toda la noche que en la ciudad hay grandes fiestas y que ellos están invitados. Al otro día se levantan contentísimos, y así es como viajan los cronopios.

Las esperanzas, sedentarias, se dejan viajar por las cosas y los hombres, y son como las estatuas que hay que ir a verlas porque ellas ni se molestan.

Historias de Cronopios y de Famas
Julio Cortázar

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Nutriendo la creatividad

lunes, 13 de diciembre de 2010

Invierno en el subsuelo


Música de fondo,
rimbombante, a borbotones,
en la ciudad desamanecida.

Gusanos
sin fuerzas para ir a buscar la poesía,
se deslizan por el subsuelo.
Acaban de despertarse en lo tibio
de un vómito de cafeína mal digerida.

Se arrastran
lentos con la resaca del sueño vacío,
no hablan sino bostezan.
Creen saber a dónde van
pero en realidad están perdidos.

Por mucho que comience un nuevo día
y esté la música, siempre, de fondo,
todos estamos perdidos.



jueves, 9 de diciembre de 2010

Sobre "Kafka en la orilla" de Haruki Murakami


Kafka en la orilla (2002), séptima novela del Haruki Murakami, nos cuenta una misma historia formada por dos historias que confluyen en varios puntos, aunque los dos protagonista de cada parte no llegan a juntarse. El libro se abre con la historia de Kafka Tamura -nombre falso que se pone este personaje-, un chico que se escapa de casa el día en que cumple 15 años. Este chico se va desde su barrio de Tokio, Nakano, hasta Takamatsu, y allí pasará los primeros días de su estancia en un hotel. Kafka Tamura es un chico extrovertido, con una gran pasión por la lectura y la música. Su padre -la única persona con la que vivía, pues su madre y su hermana les abandonaron cuando Kafka tenía cuatro años-será asesinado al poco de fugarse el chico. Este y otros acontecimientos le llevarán a acabar viviendo en la Biblioteca Conmemorativa de Komura. La otra historia sería la de Nakata, que también irá desde Nakano hasta Takamatsu pero recorriendo más camino que Kafka, en busca de "la piedra de entrada". Nakata es un hombre con una minusvalía psíquica provocada por un misterioso ataque aéreo durante la II Guerra Mundial, en una excursión escolar cuando tenía nueve años. Nakata tiene muchas rarezas, pero quizá las más reseñables sean su habilidad para hablar con los gatos (Los gatos son un elemento recurrente en la obra de obra de Murakami, siempre con connotaciones mágicas) y la de hacer que lluevan cosas tan particulares como sardinas y caballas, o sanguijuelas.

En torno a Kafka y a Nakata, aunque quizá haya una cierta prevalecencia del primero sobre el segundo, que comparten el protagonismo de la novela, giran una serie de personajes muy diferentes, aunque todos con un punto excéntrico, con algo que les diferencia del resto de la gente, y eso les hace que de algún modo se parezcan. Uno de estos personajes clave sería Sakura, una peluquera joven a quien Kafka conoce en el autocar que le lleva desde Tokio hasta Takamatsu y que luego le ayudará en otra ocasión. Kafka pensará que es su hermana. En la Biblioteca Conmemorativa de Komura Kafka trabará una gran amistad con Oshima, una mujer que se siente hombre homosexual que se viste y actúa como tal. Luego está la señora Saeki, la dueña de la biblioteca. Esta mujer tiene siempre un aire melancólico porque no superó que su primer amor muriera cuando ambos tenían veinte años y Kafka pensará que es su madre.

Por otro lado, en la parte de la historia que gira en torno a Nakata, vemos que, aunque sólo aparece en las primeras hojas del libro, el personaje de la maestra es muy relevante, pues es la que nos cuenta cómo era Nakata de niño, antes del accidente que le borró todos los recuerdos. Luego habrá "otro personaje" que se manifestará en tres apariencias distintas. Ante Nakata será Jonnhie Walken (Por el logo de la marca de whisky), pero luego, ante Hoshino, del que hablaré a continuación, se presentará como el Colonel Sanders (El hombre del logo de Kentucky Fried Chiken) y como una masa blanca. Sin embargo, si con respecto a Kafka tal vez el personaje más importante sea el de Oshima, para Nakata sería el de Hoshino, un joven camionero que recoge a Nakata en una estación de servicio cuando él quiere transladarse. Dejará su trabajo por llevar a este anciano que se parece a su abuelo difunto de una ciudad a otra, pues Nakata no sabe con anticipación a dónde debe dirigirse para encontrar y abrir "la piedra de entrada" hasta que no ocurre algo que le indica hacia dónde seguir. En este camino, Hoshimo, por casualidad, descubre a Beethoven, a través del Trío del Archiduque, y esto le cambia profundamente.

Realmente lo mejor de esta novela son los personajes, que tienen más importancia que la trama en sí. Todos están perfectamente bien construídos, incluso los que aparecen poco como el hermano de Oshima y la maestra de Nakata, y ninguno son arquetípicos. La personalidad de cada personaje queda reflejada en cada diálogo, predominantes en la novela, así como ocasionalmente nos encontramos con alguna reflexión de alguno de los personajes. Además, esto va más allá en el caso de Kafka Tamura, el personaje más desarrollado por ser el único que escribe en primera persona y del que más monólogos interiores encontramos. Además, en este caso llegamos hasta oír su propia concienda, a la que Murakami da forma en "el chico llamado Cuervo" como si fuese un personaje más.

En esta novela hay dos elementos tan presentes en la novela y tan importantes en la vida de los personajes que son casi un nexo de unión entre todos ellos y que a la vez desvelan parte de la personalidad del autor: los recuerdos y la música. Todos los personajes están condicionados por sus recuerdos, o, en el caso de Nakata, por la total ausencia de los mismos. Kakfa Tamura recuerda el momento en que su madre y su hermana le abandonaron a su padre y a él, la Señora Saeki vive anclada en su historia de amor de juventud, Hoshino empatiza con Nakata porque le recuerda a su abuelo, Oshima dice "dentro de nuestra cabeza hay un pequeño cuarto donde vamos dejando todo en forma de recuerdos", la carta que escribe la maestra explicando el incidente en la excursión escolar en la que iba Nakata está escrita mediante el recuerdo.

Respecto a la música, vemos que esta está muy presente en esta novela y en todas las de Murakami. La narración está acompañada de una banda sonora que va desde Prince o The Beatles hasta Beethoven. De hecho, ha habido algún otro libro suyo que ha salido a la venta acompañado de un cedé con todas las canciones citadas en la obra. Murakami es un gran aficionado a la música. De joven regentó un bar de Jazz y él siempre escribe con música. Tanta es la influencia de la música en el japonés que se ha considerado que él, como autor, y su estilo de ritmos musicales, era un escritor de literatura pop. Sin embargo, en Kafka en la orilla, esto va todavía más allá, puesto que el título del libro es parte del título de una canción compuesta por la señora Saeki -Kafka en la orilla del mar-, en cuya letra se puede interpretar como lo que está experimentando el propio Kafka Tamura. Por lo tanto, en esta obra, la música juega un carácter esencial, dado que la letra de una canción compuesta por uno de los personajes constituye la síntesis, la esencia de toda la historia que se nos relata.

Podemos hallar más influencias en la literatura de Murakami, este escritor japonés europeizado. Kafka en la orilla tiene algo de tragedia griega al versionar de alguna manera el mito de Edipo Rey. Además, también son perceptibles los rasgos de Posmodernismo y, por supuesto, del Surrealismo. En esta historia, se mezclan personajes, escenarios, situaciones y otros elementes -como el paso del tiempo- mágicos y surrealistas con los reales con tanta naturalidad y tal coherencia que hacen que episodios increíbles -como el de los soldados del bosque, desertores de la II Guerra Mundial que siguen siendo jóvenes y fuertes después de 40 años-, sean absolutamente verosímiles.

Siguiendo en la línea de este Surrealismo, tenemos que hablar de Kakfa, al que se homenjea en las aproximadamente 600 páginas del libro. Sin duda no es arbitrario que sea el nombre de este escritor el que titule el libro, ya no sólo por el surrealismo, sino también por el juego de palabras que se nos explica en la novela. Kafka es el nombre falso que se pone el chico, que en checo significa "cuervo". Cuervo es cómo se llama la conciencia de Tamura. Además, en momentos relevantes para la vida de Kafka Tamura aparecen cuervos sobrevolando en el entorno, estando todo relacionado.

En definitiva, Haruki Murakami, este escritor que en su país es odiado por los críticos y adorado por los lectores más jóvenes, nos cuenta la historia de un chico y su búsqueda de identidad al que su padre le predijo que "mataría a su padre y se acostaría con su madre y con su hermana". Sin embargo, Murakami no es de estos escritores que dejan todos los cabos atados, que explican todos y cada uno de los puntos clave de la trama, evitando también así llegar a explicaciones forzadas por un afán de que la novela quede cerrada. Murakami no nos dice claramente si se cumple la profecía o no. Deja al lector que extraiga sus propias conclusiones, aunque se puedan encontrar ciertas pistas que orienten hacia una respuesta más que hacia la otra.

Antes de terminar, merece ser resaltada la traducción del japonés de Lourdes Porta, en la Editorial Tusquets (2006). Los lectores que, como yo, no sepan japonés, a la hora de juzgar lo acertado de una traducción quizá lo que más prevalezca sea la intuición, pero sea como sea, el libro se nos presenta está escrito en castellano de una manera que trasmite todo el mensaje que presumimos que habrá en la versión original. Además, el texto queda pertinentemente enriquecido con las "Notas del Traductor", que nos explican en qué consiste algunas de las palabras que se nos presentan transcritas en japonés -fundamentalmente comidas-, ayudándonos así a conocer parte de la cultura japonesa.

Por lo tanto, considero que Kafka en la orilla es una obra actual de lectura muy recomendada de un escritor que, a pesar de haber empezado a escribir con treinta años, este mismo año fue uno de los candidatos al Premio Nobel de Literatura. Aunque la estructura es algo compleja y el libro tiene alguna parte en la que la lectura es algo más complicada, creo que es un libro que puede gustar tanto a los lectores adolescentes, a los que tengan la misma edad que Kafka Tamura, como a los que sean más mayores, aunque, para disfrutarlo más, sí que es recomendable ser ya un lector mediano. Si realmente gusta la historia desde el principio y engancha, las 600 páginas de hacen cortas, que es lo que me ha pasado a mí.

Escuchar el trío del Archiduque

jueves, 2 de diciembre de 2010

"Kafka en la orilla", Haruki Murakami


Traducción de Lourdes Porta (Editorial Tusquets)

En el fondo del lago volcánico donde ella y yo nos hemos hundido todo es silencio. El volcán hace mucho tiempo que está inactivo. Capas de soledad se acumulan en su fondo como un suave lodo. La tenue luz que penetra en las
profundidades irradia una luz blanca que induce a pensar en reminiscencias de recuerdos lejanos. En el abismo no hay señales de vida. ¿Cuánto tiempo permaneció la niña mirándome -a mí o al lugar donde me encontraba yo? Me doy cuenta de que he perdido la noción del tiempo. Aquí, a instancias de las necesidades de la mente, el tiempo se expande, o bien se contrae. Pero ella, al final, sin previo aviso, se levanta de la silla y se encamina hacia la puerta con paso silencioso. La puerta no se abre. Pero ella desaparece, sin hacer ruido, a través de ella.

Capítulo 23.

Cada uno de nosotros sigue perdiendo algo muy preciado. [...] Oportunidades importantes, posibilidades, sentimientos que no podrán recuperarse jamás. Esto es parte de lo que significa estar vivo. Pero dentro de nuestra cabeza, porque creo que es ahí donde debe de estar, hay un pequeño cuarto donde vamos dejando todo esto en forma de recuerdos. Seguro que es algo parecido a las entanterías de esta biblioteca. Y nosotros, para localizar dónde se esconde algo de nuestro corazón, tenemos que ir haciendo siempre fichas catalográficas. Hay que limpiar, ventilar la habitación, cambiar el agua de los jarrones de flores. Dicho de otro modo, tú deberás vivir hasta el fin de tus días en tu propia biblioteca.

Capítulo 29.


Cuando te encuentras con palabras agrupadas de esta manera, tan bonita y con tanto significado, no te entra en la cabeza que haya gente a la que no le guste leer...